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Salsear o morir

  • , en Destacadas, Omnikin Rosa

    El origen de este artículo de opinión lleva tomando forma unas cuantas semanas. Me gustaría repasar el contexto actual del Kinball en Madrid: Nuestra liga, árbitros y jugadores.

    La liga

    Somos muy poco conscientes en general de lo difícil que es llevar a cabo una liga. Los numerosos trámites y operaciones intermedias para disfrutar de este deporte a veces se apilan y para aquellos que soportan la carga de la competición acaba siendo una condena más que un capricho.

    Actualmente tenemos cinco equipos compitiendo en la XI Liga de Madrid y aunque año tras año vamos sumando jugadores de distintas partes de la ciudad, da la sensación de que las ganas y la ilusión de seguir adelante con ella, van decayendo paulatinamente.

    Bajo mi punto de vista, siempre se ha tratado de algo altruista, las ganas de colaborar y de echar una mano van intrínsecas con la idea de competir y no dejar que esto decaiga. Es cierto que necesitamos mucha gente que eche una mano, también lo es que cada vez hay más personas colaborando, pero, aquí lanzo la pregunta del millón, esa que todos ocultamos pero está latente en nuestras cabezas: ¿Esta liga va a seguir adelante el año siguiente?

    Es una duda recurrente y en gran medida afecta directamente a muchos aspectos del Kinball nacional.

    Yo creo que hacen falta manos nuevas e ideas nuevas. Gente con ganas de trabajar y aportar nuevas perspectivas; que aprendan de los errores y se aprovechen en beneficio de todos de la experiencia de los predecesores que tanto tiempo y esfuerzo han invertido en este proyecto. Me gustaría dar un toque de atención a aquellos que sienten que las cosas podrían ir a mejor pero no se atreven a levantar la mano, preguntar e informarse.

    Como siempre, esto ha sido creado por y para nosotros.

     

    El arbitraje

    Con este epígrafe me estoy ganando el salseo eterno, pero bueno, al fin y al cabo voy a colgar el artículo en Omnikin Rosa así que realmente me la suda.

    Como ya mencioné anteriormente, creo que a este sistema de arbitraje le hace falta un pequeño sistema de control de calidad. Una pequeña regulación interna que mantenga a los árbitros en buenas condiciones y fomente la autosuperación.

    El panorama actual  se resume en lo siguiente (el que lo niegue, que vuelva con Alicia a Wonderland):

    Arbitraje->Quejas->¿Por qué arbitra este tío?

    Por partes: En primer lugar, oigo muchas quejas tanto fuera como dentro del campo y antes de meterme a criticar directamente ciertas actitudes, sí que voy a dejar clara una cosa; Para poder criticar hay que conocer. Del mundo del que vengo, no acepto críticas de alguien que no sepa de lo que está hablando: ¿Acaso voy a enseñarle yo a un abogado a redactar contratos? ¿Voy a enseñarle yo a un médico a operar?

    Si extrapolamos este concepto, no entiendo críticas destructivas por parte de alguien que ni siquiera se ha molestado en aprender a arbitrar. Dejando esto claro y para continuar, creo que hay muchas maneras de conseguir que todos arbitremos mejor y respetemos más a los árbitros.

    El sistema que diseñé se basaba en unas tablas de puntuación en las cuales se podía valorar o evaluar a los árbitros tras cada partido. Los equipos puntuarían a los árbitros según unos parámetros preestablecidos como por ejemplo: Criterio de descendentes, de contacto, deportividad…

    De esta manera se puede ponderar la actuación de los árbitros tras cada partido, todos los equipos. A lo largo de una temporada conseguiríamos un pequeño ranking nacional, con datos imparciales de todos los equipos y que ayudarían a evaluar la evolución o estancamiento de los árbitros, así como sus habilidades. Quedaría en manos de Competición qué hacer al respecto con estos datos.

    Una vez haya un sistema de control de calidad (como en todos los deportes), se puede seguir un criterio según cada escenario y elegir a los árbitros con mejor criterio que el azar o el dedo acusador.

    Me centro en una parte más personal y subjetiva: ¿Es necesario entorpecer/intervenir en las decisiones del árbitro constantemente? ¿Por qué se permite que se salten algunas normas de deportividad y respeto? Llegado a este punto sólo me queda pensar que se hace porque nadie es realmente fiel al reglamento.

    Se permiten multitud de comportamientos en pista que deberían penalizarse, comportamientos feos con el árbitro que lo único que consiguen es una falsa imparcialidad y una tendencia a compensar errores.

    Mi experiencia me dice que quien compensa es porque sabe que se ha equivocado. ¿No será mejor rectificar un error a tiempo antes que compensar a posteriori? Rectificar es de sabios y en este deporte está más que permitido hacerlo: ¡Es obligatorio!

    Dicho esto, si todos fuésemos más respetuoso con los árbitros y con el reglamento, no habría tanto salseo y yo no estaría escribiendo este tostón… Quien haya llegado hasta aquí, gracias.

    Autocrítica, gestión de calidad y respeto. No hace falta nada más.

     

    Los jugadores y la competición

    En este apartado voy a explayarme puesto que me siento mucho más cómodo jugando que arbitrando. Será que aún no tengo suficiente experiencia en lo segundo.

    Actualmente diferencio 3 perfiles de jugadores y considero que cada uno de ellos repercute en la competitividad de la liga y en general en los equipos de igual manera:

    El jugador competitivo: Aquel que se lo toma en serio y le gusta mejorar cada día, aprender cosas nuevas y por lo general, involucrarse en este deporte. El jugador casual: Este viene a moverse un poco y de paso ver a un grupo de colegas con el que coincide aquí los entrenamientos y los partidos. Otros están de paso algún tiempo y no vuelven con el paso del tiempo. El jugador altruista: Es difícil diferenciar a este perfil de jugador porque algunos suelen ser también competitivos, según mi experiencia. Priorizan la perpetuidad del deporte a la competitividad personal o colectiva. Velan por el kinball y a pesar de ello, nadie se lo reconoce.

    Personalmente, he atravesado los tres perfiles y actualmente me posiciono en el número 1. No soy ni más ni menos egoísta que el número 2 o que el número 3, tan solo creo que si tengo que ser sincero, estoy aquí.

    De un tiempo a esta parte he comprobado que en gran medida, los jugadores que se involucran en que los demás sigan jugando, suelen ser los que más carne ponen en el asador y los que más palos se llevan. Desde que conozco el deporte y lo practico, podría decir a “buen nivel”, veo que hay un ambiente enrarecido en el que la gente no pone de su parte ni ayuda porque no quieren verse involucrados en algo de lo que no saben cuando van a poder desprenderse si es necesario.

    Para mí el deporte es una expresión personal de los valores que cada uno tiene, el carácter de cada persona extendido en la pista. No entiendo a los jugadores que les da igual lo que pase con el Kinball mientras puedan competir si es necesario. No entiendo a las personas que les da igual lo que ha generado este deporte.

    ¿De qué te vale ser un gran jugador? Además del respeto de unas pocas personas que conocen el deporte, no transmites absolutamente nada más que tu avatar en la pista. ¿Dónde está la persona que debería haber detrás? Se supone que el Kinball promueve unos valores que cada día veo menos.

    Hace unas semanas, varias personas (entre ellas Mario, que sé que me lees habitualmente) me preguntaban que por qué aplaudía jugadas de rivales, estando en la grada o en el banquillo. No entiendo por qué no puedo aplaudir a un rival que juega bien sus cartas o que consigue arrebatarme el periodo. No entiendo por qué todos se empeñan en criticar cuando aplaudo a un rival, diciendo que es despectivo o malintencionado.

    Bueno, sí lo entiendo. Han perdido la perspectiva original de lo que el Kinball pretende transmitir y es triste.

    Seguiré aplaudiendo a quien considere oportuno. Si los árbitros consideran que es antideportivo, así sea. Yo después de un partido puedo mirar a la cara a cualquiera sin perder la sonrisa. Veamos cuántos pueden presumir de lo mismo.

     

    En fin, salsear o morir.

    Por .

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