Si continuas navegando, aceptas el uso de cookies. más información

El uso de cookies en esta web están activados para conseguir una mejor experiencia de usuario. Si continuas navegando aceptarás el uso de cookies.

Cerrar

Previa y Jornada I: Tokyo 2017

  • , en Destacadas, Torneos

    Así nos fue a la selección masculina de Kinball por tierras niponas. De aquí en adelante: Poca información, mucha opinión. Lo más importante: Abstenerse haters y puristas.

    Podría empezar por el aeropuerto, todos uniformados, causando sensación como el pelo de Guille, podría empezar por el vuelo terrible que me dio Laura apretándome la mano hasta perder la circulación, o cuando el azafato le volcó una bandeja entera llena de vasitos de zumo o incluso de cómo mi Nintendo 3DS pasó por todas las manos menos por las mías durante quince horas de vuelo.

    Podría empezar por el viaje a Roma que se pegó Pimentín, menuda ruta le dibujé en la pizarra de los deberes: Fontana de Trevi, Vaticano, el Foro Romano… Apostamos seriamente a que no llegaba a Japón y cuando le vimos en la Villa Olímpica ya metidito en su cuarto casi se nos salta una lagrimilla. He de añadir que el National Youth Center era lo más parecido a un campus universitario americano que he visto en mi vida.

    Podría empezar por el japo que casi nos pierde antes de subirnos al bus, por la media hora que esperamos a Mario o incluso por la cena en la que casi me muero de un ataque de risa por culpa de la ya “evolucionada” Gárgola.

    Menuda zancadilla le hice al azafato, polli”

    -The Gargoyle.

    O también por esa inolvidable primera visita donde fuimos superheroes por un día. Espejos donde se miraban cientos de niños que tan solo habían oído hablar de Kinball o de occidentales en televisión. Todos ellos absortos en aquella tropa rojigualda que venía a visitarlos, porque eran especiales; de todos los coles de Tokyo les fueron a ver a ellos y claro… Tenían que demostrarnos las ganas que tenían de recibirnos. Las trompetas, las canciones, la exhibición e incluso la comida que pudimos compartir. Empezaría por aquí: Esas sonrisillas inocentes, los autógrafos, las fotos y los abrazos.

    Yo creo que todos salimos de aquel colegio con la misma pregunta en nuestras mentes: ¿Quién soy yo para que me reciban así?

    Muy pocas veces somos conscientes de la importancia que tienen nuestros actos. El mero hecho de estar y de ser. Para aquellos niños fue más que suficiente y para nosotros la mejor experiencia de nuestras vidas.

    Pero esto es kinball, o casi…

    Y obviamente hablaré de Kinball, pero a su debido momento. Empezaré por la ceremonia de apertura, sirvió de pistoletazo de salida al amor y al salseo intercontinental. Evidentemente teníamos que abrir con este tema porque si no esto no sería “La verdad antes que la paz” y yo no estaría redactando estas líneas.

    Las miradas cruzaban la sala y mientras aprendía algo de las costumbres suizas de mano de mi nuevos amigos Kevin y Manon, vislumbré cierto destello en la sonrisa del bueno de Juan José a.k.a. Rocky y aunque él lo negará, cuando la vida es un poco sosa hay que echarle sal y Pimenta. Tampoco estuve muy atento, la sala estaba llena de caras nuevas y todos o casi todos los nuestros estaban de pesca. Pues una anécdota, ¿no?.

    Pablo y yo nos enamoramos de una pequeña y sonriente japonesa: Suzuna. La cual junto a sus colegas Koki y Yuki, nos brindaron un recibimiento espléndido. Pero a Suzuna la queremos un poquito más y todos los que la conocen saben por qué.

    He dicho que voy a hablar de kinball

    Ya en el bloque, nos despedimos de los chinos en el hall, llegamos a la sala común y está repleta de gente. ¿Dónde está Javi? Toco la puerta y me abre. Conversación terrible. Hace lo que parecían dos días estábamos en España, tomando una caña en La Ponderosa. 

    Llega el día del primer partido: Canadá y Hong Kong. El histórico mejor equipo del mundo, herido en su orgullo de campeón por haberse apeado de la anterior final y manchar su trayectoria, iba a venir con ganas de machacar a todos los rivales y demostrar de nuevo por qué son los mejores del planeta… y luego estaba Hong Kong.

    Jet lag horrible y aunque la alarma estaba puesta a las siete, eran las cinco de la mañana raspadas y ya se oía a Juanjo (de ahora en adelante The Hooligan One) por los pasillos. Whatsapp: ¿Alguien despierto? Mensaje leído por Javi, Michi, Guille, Paku… La habitación de Javi se ha convertido en el patio del colegio en cosa de cinco minutos. Decidimos ir a dar una vuelta antes de entrenar. Y menuda vuelta. Que le pregunten a Michi.

    De camino por el National Youth Center al pabellón de entrenamiento aún se oían rumores de la noche anterior, algunos con más ojeras que otros, he de puntualizar. Comenzaron las novatadas y comprobamos que cincuenta paraguas son pocos si los comparamos con el orgullo de Rocky. De todo se hablaba en ese delicioso camino al pabellón de entrenamiento, incluso de quién pintaría más banderas de España en las caras (o no) de alguna francesa dispuesta a bajarse los plomos. Venga, vamos a entrenar.

    Suzuna y Koki nos saludan desde la puerta y nos indican que podemos acceder a la cancha. Cambiados, ya. Reunión.

    En círculo, todos cogidos. Equipo. Familia. Me reservaré las palabras que intercambiamos y lo que nuestro capitán dijo, lo que cada uno mencionó al respecto. Pues estábamos girando el pomo de una puerta que no sabíamos lo que aguardaba. La agogé.

    Ese calentamiento no se me olvidará en la vida: Cinco minutos en pista y en un deslizamiento normal y corriente mientras trato de llegar a una bola, Javi me pisa sin querer la mano cayendo con su peso sobre mi dedo meñique. La mano medio morada e hinchada. Bien. Tras unos momentos de susto y mal rollo, conseguimos volver al entrenamiento con el ambiente un tanto enrarecido.

    Rober me dice que deje de entrenar o que me ponga hielo y la vende si quiero seguir. Suzuna vuela y a la carrera me trae algo de hielo en una bolsa y tras aguantar unos minutos con él, vuelvo a la pista con mi equipo. Esta tarde viene Canadá, ni hielo ni hostias. El resto del entrenamiento pude ver a Javi con el rostro ensombrecido, a pesar de ser un accidente, veía la culpa en su silencio. Ni mucho menos. Hemos venido a morir, un pisotón es una broma.

    A veces recuerdo las conversaciones por whatsapp, quejándonos de las tallas, los colores o incluso la forma de la equipación. Recuerdo multitud de fotos de los dorsales o frente al espejo haciendo el tonto… Fotos llenas de ilusión. Pero si bien es cierto que más allá de una foto nunca nos habíamos puesto todos la equipación, estaba pasando. Nos toca.

    Ahí estaba la Selección Española, chicos normales, vidas comunes. El hombre no es más que un hombre. Todos con la equipación, todos tan iguales y tan distintos, calentando al lado de los mejores del mundo y a punto de batirse en duelo. Así la pegamos en España, con esto hemos venido a jugar.

    Ahora entiendo de verdad a Galois: Tantas y tantas cosas que enseñar, que demostrar… Tanto entrenamiento, tanto madrugón, tantos días, horas y esfuerzo invertido aquí que es inevitable pensar que voy a un purgatorio. Al otro lado del mundo, a once mil kilómetros de casa suena el himno de España y siento un escalofrío. Si esos idiotas supieran que ahí había nueve tipos que se sentían los hombres más ricos del mundo…

    ¿Por qué defienden todos tan cerca de la bola? Ah, han quitado la descendente. De acuerdo. Primeros minutos en un Campeonato del Mundo y en la primera bola que golpeo, impacto en la espalda del bloqueador y me doblo el codo; Armel a sus cosas. La mano, el codo… Sigue jugando. Ellos siguen jugando. Cuánta rabia acumulada y a pesar de todo, la sensación de estar ahí y de poder hacerle más daño a un equipo que no adolece. Las jugadas, los golpeos… Tan solo hay que apretar un poco más en la defensa. Estamos compitiendo, máximo empate en el marcador pero al final quien se lleva el gato al agua es Canadá. Las miradas de frustración y decepción se diluyen en los gritos de la grada, donde nuestras chicas y toda la ola española animan a morir.

    Arranca el segundo asalto y en la mente la misma premisa: Empate a cero, punto a punto. Poco a poco. Sale Patrice, Dave… Da igual, como si sale el mismísimo Mario Demers a jugar. Si quieren ganar, que sumen uno más que nosotros y lo demuestren. Pero tras una cadena de errores, el periodo acaba más desbalanceado de lo que parece y Canadá vuelve a hincar el diente. Las miradas reflejan un poco la ansiedad de haber podido hacer más.

    Hay que tener calma, confiar en lo que sabemos hacer, podemos defender y podemos meter puntos, pero tenéis que confiar en vosotros.

    Palabras textuales de un Guille que se echa el equipo a la espalda y hasta que se caiga de bruces. De este barco no se baja nadie: Al puerto o al fondo del océano, pero juntos.

    Yo no creo en la suerte ni en el destino, las cosas no suceden porque tengan que suceder. Hay trabajo, causa y consecuencia. Aprendizaje, decisiones. Causalidad, no casualidad. Dicen que se tardan diez mil horas en perfeccionar cualquier acción, profesionalizar. Nosotros no invertimos diez mil horas ni somos profesionales porque no somos perfectos, pero para ganar no hace falta serlo; tan solo hay que hacerlo mejor que el rival. No fue casualidad ni fue suerte lo que pasó en ese tercer periodo, España hizo lo que no había hecho nunca: Ganar un periodo al mejor equipo del mundo. Nueve personas empujando en la misma dirección, dejándonos todo, luchando. Ese falso lanzador de Mario pasará a los libros.

    Habíamos hecho historia, pues Canadá nunca había perdido ni un solo periodo en fase de grupos y España nunca había ganado un “mísero” periodo a la Todopoderosa. Hacerlo, a priori era como ver salir el sol por el oeste porque nosotros no somos de los equipos que pueden hacer algo así, hemos venido de viaje a pasarlo bien y a vivir la experiencia. ¿O… no?

    Nuestra grada se volvió loca y nosotros no fuimos menos, queríamos otro round para seguir golpeando al mentón. El que sería el cuarto y último periodo trascendió como un calco al predecesor, igualado a más no poder y otra final entre la Todopoderosa y España. Tras otra final igualada y con doce a once en nuestra contra, un pequeño error defensivo les dio la justa victoria. Digo justa porque jugaron bien, fuerte y con todo. Como debe hacer un vencedor. Partido acabado y nosotros sin saber qué puerta acabábamos de abrir.

    Mi camino al vestuario fue duro, pues la primera acción contra el bloqueador me sacó física y mentalmente del partido, por lo que no pude aprovechar los minutos de los que dispuse como me hubiera gustado y lo malo es que soy un competidor nato y los que me conocen saben que siempre me exijo más y más. Nadie tenía expectativas depositadas en ese partido porque teóricamente nos tenían que machacar y a la luz de lo acontecido, creía que podía haber remado más y mejor.

    Lo que haya pasado hoy, se acaba hoy. Mañana hay otro partido y necesito que todos estemos a tope. No hay excusas.

    Guille vuelve a tener razón una vez más. Hay más Papá en este Mundial y al día siguiente nos espera la vigente campeona del mundo, jugando en casa, con su gente en su estadio. Ducha fría y la mente preparada para el día siguiente. Has cruzado el mundo para esto, tan solo hay cinco días para luchar. Para llorar tienes todos los demás.

    De camino a la grada, varios suizos nos felicitan por el partido. Suzuna nos sonríe con sus “palitos hinchables” de España. Devolvemos la sonrisa y en ese momento caigo, qué hambre; ¿quién se viene al Lawson?

    Por .

Twitter

Galería Flickr

COKE 2017
Licencia Creative Commons
Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional.